En Myanmar, tras un devastador terremoto de 7,7 grados de magnitud, las zonas más afectadas enfrentan una crisis urgente de refugio, alimentos y agua. Este desastre, el más intenso en más de un siglo, causó la muerte de al menos 2.719 personas, incluyendo niños y dejó miles de heridos y desaparecidos.



Las operaciones de rescate son complicadas por la guerra civil en curso, que obstaculiza la llegada de ayuda a las áreas necesitadas. Los equipos de emergencia trabajan arduamente para localizar sobrevivientes, mientras las comunidades temen las réplicas.


En Tailandia, el colapso de un edificio durante el terremoto dejó un número significativo de muertos y desaparecidos. Aunque las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen con el tiempo, los rescatistas continúan rastreando las ruinas con la esperanza de descubrir señales de vida. Paralelamente, el gobierno investiga irregularidades en los materiales de construcción que podrían haber contribuido al derrumbe.
Este trágico evento pone de manifiesto la magnitud del reto humanitario, intensificado por barreras sociales, políticas y naturales.
Se han reportado daños generalizados después de que el terremoto causara el colapso de puentes y edificios, incluso en Bangkok, donde las autoridades están tratando de liberar a decenas de personas que se cree están atrapadas bajo los escombros de un rascacielos en construcción.


El terremoto
El epicentro fue ubicado en la región central de Sagaing, en Myanmar (antes Birmania), cerca de Mandalay, la antigua capital real, con una población de alrededor de 1,5 millones de personas.
Mientras tanto, ayuda extranjera y equipos de rescate internacionales han comenzado a llegar a Myanmar después de que la junta militar emitiera un inusual pedido de ayuda.
El terremoto del viernes es el desastre natural más mortífero que ha azotado al país en años y se produce mientras ese país se tambalea por una guerra civil que desde 2021 ha dañado las redes de comunicación, la infraestructura sanitaria y ha dejado a millones de personas sin alimentos y refugio adecuados.
El nivel de devastación en Myanmar ha sido descrito como sin precedentes en más de un siglo en Asia, según un representante de la Federación Internacional de la Cruz Roja. Marie Manrique, coordinadora del programa de la organización, destacó la urgencia de rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros.
Supervivientes narran escenas impactantes: una mujer contó cómo el derrumbe de un muro atrapó a su abuela bajo los escombros. Otros mencionaron pérdidas familiares devastadoras, como un exabogado que reveló que tres familiares de su esposa fallecieron en el terremoto. Las mezquitas de la ciudad también sufrieron daños significativos mientras estaban llenas de fieles.
La comunicación con las áreas afectadas ha sido complicada, dificultando la evaluación del verdadero alcance de los daños. En el estado de Shan, un padre relató cómo el terremoto afectó gravemente a niños y ancianos, causando mareos y desmayos. Ahora, la región enfrenta una necesidad desesperada de alimentos y agua.